Semblanza del pastor

Es realmente muy gratificante recordar por donde nos ha traído nuestro amado Dios y todopoderoso Señor Jesucristo a quién creemos, respetamos y servimos con gran gozo y profundo amor.

Soy su hermano Pedro Juan Peralta Duarte, nacido el 13 de agosto de 1946 primogénito de Pedro Peralta Martínez e Hilda Duarte Videla, criado por mis abuelos maternos Amador Duarte y Otilia Videla, en cuyo hogar familiar estuve hasta los 23 años cuando contraje matrimonio con mi amada esposa Irene Rossel Labbe.

A la edad de 15 años en enero de 1961, en mi soledad de adolescente sentí una gran añoranza y deseo de encontrarme con mi padre. Mi abuelo Amador debido a la gran pobreza en que vivíamos, me animó a trabajar en el campo para obtener lo necesario: algo de ropa y zapatillas, ya que mi ropa era extremadamente pobre.

Un sábado 4 de febrero de 1962 cuando al medio día llegue al hogar de mi padre ¡Que día y que encuentro! Recuerdo que él estaba cosechando ciruelas para vender en el mercado; al acércame, él sin dejar de hacer lo que estaba haciendo, me dijo: "Hola joven", a lo que simplemente respondí: "Hola", me había confundido con un joven trabajador. Yo le dije: "Vengo de San Agustín", el fundo donde yo vivía con mis abuelos. En ese momento mi padre dejó de hacer lo que estaba haciendo, me miró, me observó y abrió sus brazos y me dijo: "¡Hijo!", nos abrazamos fuerte sintiendo felicidad y gran emoción, él sabía de mi existencia, sabia donde vivía y conocía mi nombre, pero esto fue aún mejor cuando aparecieron unos muchachos, como yo... eran mis hermanos, "mis otros hermanos" los cuales comenzaba recién a conocer.

En diciembre de 1963, a mis 17 años, fue cuando mi señor Jesucristo me encontró, él sabía quién era yo, él sabía de donde venía y él abrió sus brazos, me recibió en amor y eso fue lo mas grande, fue grandioso en verdad, "¡maravilloso!", "¡oh qué encuentro!", "¡que cambio!", de un muchacho sin educación, sin rumbo, sin objetivo, sin derrotero, mi vida cambiaria para siempre en ese instante.

Ese día fui a la iglesia Evangélica Metodista Pentecostal de San Bernardo, cuyo anciano pastor Oraldo Juan Manuel Rojas Ramírez tenía fama de convertir a "canuto" (evangélico) a todo aquel que entraba en su iglesia. La gente decía que allí "les da el espíritu", fue allí que conocí a mi salvador el Señor Jesucristo y mi vida cambió para siempre.

Yo estaba teniendo un buen tiempo de compañerismo con mi padre y mis otros hermanos un tiempo muy lindo en familia, algo nuevo para mí todos los fines de semanas, pero ahora yo estaba experimentado un cambio maravilloso en mi vida y solo quería estar en los servicios cristianos, en la iglesia en las en las predicaciones y en los cantos y en compañerismo. Para mis abuelos yo me había enloquecido, "no creo que Dios te exija tanto", me decían ellos, y yo les decía: "Dios no me exige nada, para mí es un placer servirle" y lo es hasta hoy.


Testimonio personal

Al repasar algunos pasajes de mi vida quisiera hacerlo a modo de un memorial y dedicar unas palabras a personas que por la voluntad y la gracia de Dios hicieron algo importante en beneficio de lo que hoy es mi vida.

Tratando de seguir un orden cronológico mis primeras palabras en esta memoria son para recordar a don Jesus Amador Duarte y doña Otilia Videla, mis abuelos maternos, quienes me criaron y me dieron un hogar.

A mi abuelo Amador, hombre campesino, gañán de fundo, quien me crió y me enseñó en las cosas naturales, y tal vez sin saberlo me hizo ver a Dios en sus simples consejos los que aún me son muy útiles. "Hijo, lo que tú siembres eso mismo cosecharás y del cuidado de tu siembra, y la limpieza y riego de la tierra dependerá en gran parte la abundancia de tu cosecha". También me enseñó a jamás confesarme con otro hombre -haciendo alusión a un sacerdote católico- y respecto a esto un día me dijo: "Si algún día tienes la necesidad de desahogarte anda a un lugar solo y díselo a un árbol o a una piedra y ahí confiésate y si hay un Dios, te escuchará". Sabias palabras de un ignorante hombre de campo trabajador de la tierra.

Mi Abuela Otilia, una mujer de campo, ordeñadora de vacas, quien me cuidó alimento y vistió con sus manos.

A mi padre Pedro Peralta Martinez, a quien encontré a la edad de 16 años en una inolvidable experiencia de conocer a papá y a su familia, ver que habían más hermanos... fue él, mi papá, el primero en poner una Santa Biblia en mis manos y hablarme de un Cristo que podía salvarme, él me invitó a la iglesia Evangélica Metodista Pentecostal de San Bernardo, en Santiago de Chile, donde conocí y acepté a Jesucristo como mi salvador, y lo es y será por siempre.

A mi pastor Oraldo Rojas, pastor del área sur de Santiago, cuya iglesia matriz estaba ubicada en la calle Esmeralda en el sector central de la comuna de San Bernardo, allí fue donde el Señor Dios me llevó, aproximadamente por 10 años, de diciembre de 1963 hasta el año 1972. De él aprendí los primeros pasos en el bendito Evangelio, mi pastor fue un hombre muy sencillo y de gran humildad, un verdadero santo de Dios, hombre de mucha oración y una vida espiritual extraordinaria, durante su vida fama, dinero y mujeres no le tocaron, un verdadero siervo de Dios en Cristo Jesús a la edad pentecostal. Ya está en el Hogar Celestial... "¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!".


Encuentro con el mensaje

Para el año 1973 después de 10 años de haber conocido a mi Señor y Salvador Jesucristo, yo estaba casado y nuestra hija Elizabeth estaba recién nacida, nuestra vida espiritual estaba decayendo, entonces llegó a nosotros la noticia que Dios había enviado un profeta, nuestro precioso hermano William Marrion Branham, yo lo creí con todo mi corazón y mi vida espiritual fue energizada.

Dios me permitió conocer a quien fuera mi pastor en este bendito mensaje, me refiero a mi hermano Hugo Labrin, pastor del Tabernáculo Elías en Talcahuano Chile. Al no venir ningún apóstol de los Estados Unidos estuve asistiendo por 10 años a reuniones pastorales en Talcahuano una vez al mes con el siervo de Dios y mi pastor el hermano Hugo Labrín quien aún trabaja activamente en la obra del Señor predicando este glorioso mensaje.

No puedo pasar por alto a mi amado hermano Oscar Galdona, pastor en Barquisimeto, Venezuela, un gran apóstol de Jesucristo en este tiempo final con gran visión y amor de Dios, una de las primeras manifestaciones del Espíritu Santo en un creyente. Como dijo el profeta de Dios: "pasión por las almas".

Fue nuestro hermano Oscar Galdona, quien ya partió al hogar celestial, quien se encarga, por una inspiración de Dios, de proclamar este glorioso mensaje a toda esta América del sur y en forma muy especial en Chile enviando predicadores, misioneros, poniendo programas radiales, para proclamar el mensaje, envió abundantes mensajes impresos, literatura que hasta el día de hoy sirve para alimentar a los fieles creyentes.

Hay alimento espiritual, "¡aleluya!", mensajes tan extraordinarios como: "Reconociendo el día y su mensaje", "Los Falsos Ungidos", "Cristo es el Misterio de Dios Revelado", entre muchos otros.

Junto con nuestro hermano Oscar Galdona recordamos también a los misioneros y evangelistas de su ministerio que de algún modo forman parte importante en nuestros primeros pasos de creyentes de este mensaje, es el caso de nuestros hermanos José Luis Sequera y José Antonio Prado ambos ya están con el Señor.

A William Marrion Branham, profeta de Dios y séptimo mensajero a la séptima y final edad, un hombre extraordinario con una vida peculiar, realmente un hombre que vivió el evangelio que predicaba. Y aquí quisiera ayudarme del testimonio del hermano Tommy Lee Osborn.

Muchos me van a considerar como un profano o alguien que esta desviado doctrinalmente por lo que voy a decir (pero eso no me importa): Dios descendió nuevamente a la tierra en carne humana; Dios en este tiempo ha querido mostrarse nuevamente a nosotros. Queriendo Él traernos a la memoria como fue cuando estuvo aquí en la tierra, Dios envió a un hombre pequeño de estatura, del campo, y sin educación, nos envió un profeta, en todo el sentido de la expresión: un hombre Jesús.

Elías no fue eso. Esto es más que lo que estamos acostumbrados a ver. Moisés tampoco lo fue. Debido a la diferencia en cuanto a dispensación, él no pudo ser lo que nosotros hemos visto. El hermano Branham fue mucho más que eso. Él fue un hombre enviado como una señal especial a esta generación, como señal sobrenatural en una medida extraordinaria. ¿Por qué? ¿No había sido hecho antes cuando él estuvo en la tierra y caminó por las calles de Palestina? ¿Porque se repite de nuevo? Él quiso hacerlo para asegurar que no haya excusa. Para asegurar que esta última generación supiera como fue Él, a quien se pareció, como es la nueva criatura. Él nos quiso recordar en el hermano Branham, su imagen, su ministerio; como fue en los días de su carne. Lo envió para ser el precursor de su segunda venida.

La primera noche que lo oí, no oí una voz, yo no le conocía ni sabía lo que se decía de él; tampoco sabía que Dios le había hablado. Nada de eso sabía, nunca había estado con los ministros que creían en él, sino más bien estaba relacionado con los ministros que no le creían; pero como un rayo vinieron a mí aquellas palabras esa noche: "Así como Juan el bautista fue el precursor de mi primera venida, William Branham ha sido enviado como precursor de mi segunda venida" Así lo entendí yo.

Yo era un predicador inexperto, no era un teólogo, no conocía bien las escrituras, ¿Porque supe esto? No lo sé, pero lo supe. Dije: "Gracias a Dios que él se cruzó en mi amino y pude entender." No me tomó diez noches, una fue suficiente. Esta generación busca señales. ¿Todavía quieren más señales? Una es suficiente y basta como muestra. Dios queriendo estar seguro que nosotros no falláramos en el conocimiento de la mutabilidad de Su Pacto, lo hizo otra vez en este tiempo final, en la generación que verá el retorno de Jesús. Esta generación tiene que estar sin excusa. Por lo tanto Él envío un vaso acompañado con señales sobrenaturales para atraer la atención y lograr que esta vacilante generación se pregunte, se examine, piense, y despierte.

De esta manera el halo de luz que apareció en su nacimiento, la estrella, el ángel, el discernimiento, los dones, todo esto fue con el propósito de atraer. ¿Para que? Para mostrarnos a Dios de nuevo, para repetirnos lo mismo que Él hizo cuando estuvo en Jesús, cuando vino en carne humana. Jesús demostró la señal que hizo que le reconocieran como el verdadero Mesías que habría de venir, el hijo de Dios, así también el hermano Branham.

Él fue un vidente. Él vivió en dos mundos a la vez. Jesús dijo: "mi padre obra y yo obro. El hijo nada puede hacer de sí mismo, sino lo que ve al padre hacer, esto también hace." Dios ha enviado a hermano Branham en este tiempo final y ha hecho de la misma forma.

Jesús y un hombre llamado William Branham.

Tommy Lee Osborn