Nuestra inspiración

1 Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino,
2 que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.
3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias,
4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.
5 Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.

2 Timoteo 4:1-6

El día de la colocación de la piedra angular, fui despertado como a las seis de la mañana. El sol en Indiana ya estaba bien alto, y toda la naturaleza producía música. Miré por la ventana; los pájaros cantaban, las abejas zumbaban; los finos perfumes de la fragante madreselva estaban en el aire. Permanecí acostado allí pensando: "¡Oh, Gran Jehová, cuán maravilloso eres! Hace poco estaba oscuro; ahora ha salido el sol y toda la naturaleza se regocija". De nuevo pensé: "Pronto este mundo que está frío y oscuro, se regocijará con la naturaleza, porque el Hijo de Justicia se levantará con sanidad en Sus alas".

A medida que alababa a Dios, de repente sentí al Angel del Señor en la habitación. Me di vuelta en la cama y entré inmediatamente en una visión. Pienso que esta visión, aunque yo no la entendí en ese tiempo, tiene que ver mucho con el ministerio mío para este día—en procurar traer al compañerismo las iglesias la una con la otra; de que ellos no deben permitir que ideas sectarias los separen, y que cada Cristiano debe ir a la iglesia de su escogencia, pero a la vez tener compañerismo y amor de Dios el uno por el otro.

Ahora, en la visión me encontré parado en las riberas del río Jordán, predicándole el Evangelio a la gente. Escuché un sonido detrás de mí, como el que emite un cerdo. Mirando alrededor comenté: "Este lugar está contaminado. Este es terreno sagrado, donde Jesús mismo caminó". En la visión yo predicaba en contra de eso, cuando el Angel del Señor me llevó a mi tabernáculo, aunque la piedra angular aún no había sido colocada. (La visión mostró el tabernáculo como sería verdaderamente cuando fue construido.) Yo miré alrededor, estaba lleno de gente por todas partes, y una gran multitud estaba de pie. En la visión vi tres cruces; lo cual después coloqué tres cruces en mi iglesia como las había visto en la visión, la más grande del centro siendo el púlpito. Exclamé: "¡Oh, esto es maravilloso, esto es glorioso!"

Entonces el Angel del Señor vino a mí en la visión y dijo: "Este no es tu tabernáculo". Yo protesté: "Oh Señor, por supuesto que este es mi tabernáculo". Pero El respondió: "No, ven y ve". El me llevó afuera, y yo miraba el resplandeciente cielo azul. El dijo: "Este será el tabernáculo tuyo". Al mirar abajo vi que me encontraba en medio de una arboleda y en el centro donde yo estaba parado había un pasillo. Los árboles estaban plantados en grandes macetas verdes. De un lado había manzanas, y al otro lado ciruelas grandes. Del lado derecho e izquierdo había dos macetas sin nada en ellas.

Después oí una voz del cielo, la cual habló: "La cosecha está madura, pero los obreros son pocos". Yo pregunté: "Señor, ¿que puedo hacer yo?" Entonces cuando miré de nuevo noté que los árboles se veían como bancas en la visión de mi tabernáculo. Al fondo, al final de la fila había un árbol grande y estaba lleno de toda clase de fruto. A ambos lados había dos árboles pequeños sin fruto—y estando el uno al lado del otro, parecían como tres cruces. Yo pregunté: "¿Qué significa esto y qué acerca de esas macetas sin nada en ellas?" El respondió: "Tú plantarás en esas". Entonces yo me paré en la brecha, tomando ramas de ambos árboles, y las planté en las macetas. De repente, de las macetas salieron dos árboles grandes los cuales crecieron y alcanzaron los cielos.

Después de eso, un viento recio vino y sacudió los árboles. Una voz habló: "Extiende ahora tus manos, has hecho bien; recoge la cosecha". Yo extendí mis manos y el viento recio sacudió haciendo caer en mi mano derecha una gran manzana, y en mi mano izquierda una gran ciruela. El dijo: "Come los frutos; son placenteros". Yo comencé a comer el fruto, primero una mordida de uno, luego una mordida del otro, y el fruto era deliciosamente dulce.

Yo pienso que esta visión tuvo que ver con juntar las personas de las iglesias. En la visión, yo fui transplantado de la una a la otra, para producir los mismos frutos de ambos árboles.

Después de nuevo oí una voz decir: "La cosecha está madura y los obreros son pocos". Yo miré el árbol del centro, y grandes cantidades de manzanas y ciruelas colgaban por todo el árbol—el cual estaba en forma de cruz hasta abajo en su tronco. Yo caí bajo el árbol y lloré: "Señor, ¿qué puedo hacer yo?" El viento comenzó a hacerme llover fruto encima, y oí una voz decir: "Cuando salgas de la visión, lee Segunda de Timoteo 4". Esto me fue repetido tres veces. Entonces me encontré en la habitación. Eché mano de una Biblia y comencé a leer: "Predica la palabra...porque vendrá el tiempo que no tolerarán la sana doctrina (divisiones doctrinales en la iglesia); sino que tras sus propias concupiscencias se amontonarán maestros, teniendo picazón de oír...has la obra de un evangelista, cumple tu ministerio".

Yo arranqué esa hoja de mi Biblia, y la puse con mi testimonio en la piedra angular que fue colocada ese mismo día. Esa "sana doctrina" creo yo que es el amor de Dios del uno por el otro.

Reverendo William Marrion Branham